Inteligencia Artificial y Geopolítica: implicancias globales y perspectivas desde un enfoque de género

La Inteligencia Artificial (IA) constituye uno de los principales ejes estratégicos del siglo XXI, tanto en términos tecnológicos como geopolíticos. Se estima que su impacto económico global alcanzará los 15,7 billones de dólares al 2030 (PwC, 2018), situándola como una de las tecnologías más influyentes en la configuración del nuevo orden mundial.

La IA como activo geopolítico

La IA ha sido caracterizada como “el nuevo petróleo” (Lee, 2018), al ser considerada un recurso clave para el desarrollo económico y militar. Estados Unidos y China concentran más del 70% de la inversión mundial en IA, configurando una competencia estratégica que incluye la investigación en algoritmos, el control de datos y la cadena de suministro de semiconductores (Allen & Chan, 2017; OECD, 2023).

Rivalidad y regulación

Estados Unidos y China lideran una competencia feroz que va desde la investigación hasta la guerra de semiconductores. Europa intenta diferenciarse con la primera gran regulación mundial de IA, apostando por la ética como ventaja competitiva. Y mientras tanto, América Latina y África siguen en la periferia, discutiendo si queremos ser simples consumidores de tecnología o actores soberanos de nuestra propia transformación digital.

La disputa tecnológica entre EE.UU. y China se expresa en políticas de restricción de exportaciones, vetos a empresas y estrategias de soberanía digital (Segal, 2020). Por su parte, la Unión Europea ha apostado por el Artificial Intelligence Act (2024), el primer marco regulatorio integral a nivel mundial, con el objetivo de garantizar una IA ética, confiable y centrada en las personas (European Parliament, 2024).

Pero esta discusión no puede reducirse a potencias. La IA está redefiniendo el mercado laboral, la educación, la salud y hasta la democracia misma. Si no se diseña con criterios inclusivos, corremos el riesgo de reproducir los mismos sesgos que históricamente han dejado fuera a mujeres, minorías y países en desarrollo.

Gobernanza y dilemas éticos

La ausencia de un marco multilateral vinculante genera incertidumbre respecto de la seguridad internacional, la manipulación de información y el uso militar de sistemas autónomos. La UNESCO (2021) y la OCDE (2019) han propuesto principios éticos, pero persiste el desafío de articular un modelo de gobernanza global que balancee innovación, seguridad y derechos humanos.

Impactos laborales y de género

El Foro Económico Mundial (2023) estima que la IA transformará 85 millones de empleos hacia 2025, mientras crea 97 millones de nuevos roles. No obstante, las mujeres y los países en vías de desarrollo enfrentan un mayor riesgo de desplazamiento laboral debido a la concentración de empleos en sectores más automatizables (ILO, 2021). A su vez, la falta de diversidad en los equipos que desarrollan IA reproduce sesgos que afectan la equidad en ámbitos como salud, justicia y empleo (Buolamwini & Gebru, 2018).

La IA es un campo de competencia geopolítica, pero también una oportunidad para avanzar hacia un modelo de desarrollo inclusivo. La clave estará en construir marcos de gobernanza y políticas públicas que integren la perspectiva de género y la participación de países históricamente relegados, asegurando que la IA sea una herramienta de transformación con sentido social y no un motor de nuevas desigualdades.